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Este domingo España se paralizó para vivir el enésimo partido del siglo entre Real Madrid y Barcelona, y en Berlín se demostró que aunque vivamos lejos de casa, el interés por nuestros equipos no se ha perdido ni un ápice. La Penya Barcelonista de Berlín inauguró su nueva sede, y cientos de personas acudieron esperando disfrutar de un partido apasionante, donde los blaugrana consiguieran asaltar el Bernabéu. La fiesta comenzó pronto, desde las 5 de la tarde los aficionados empezaron a llegar para calentar motores con una deliciosa paella y unas Berliner. Más tarde hubo un concierto del grupo español Whatever Rita wants, que concluyó con el himno del Barça cantado al unísono por toda la sala para liberar tensiones antes de dos horas de “sufrimiento”.

A las 21.00 no cabía ni un alfiler en el Kino Zukunft de Ostkreuz. Cientos de culés y un madridista infiltrado, que sacó de quicio a los que estaban a su lado, llenaban la sala y desde el comienzo no pararon de animar. A los pocos minutos del inicio Iniesta fusiló a Diego López y la euforia se desató. Estábamos muy apretados en los bancos y las sillas, pero en ese momento la alegría se desbordó sin importar las incomodidades. Fue un espejismo, ya que Benzema golpeó dos veces, alejando al Barça de la liga casi de manera definitiva. El 2-2 de Messi antes del descanso, aun daba esperanzas. En los 15 minutos de pausa la gente salió fuera a tomar aire, al lugar donde se suele hacer el Freiluft Kino, que quizás se utilice para echar los partidos en los meses de verano.

La segunda parte siguió con la emoción y el desajuste táctico de ambos equipos. Tras tres penaltis, una expulsión y un Messi sublime, el Barça logró vencer 3-4 en un partido inolvidable. La Penya sacó fuerzas de flaqueza para homenajear a su hombres con el último Tot el Camp es un clam a “grito pelao”. A más de 3.000 kilómetros de Madrid volvió a quedar claro que en esta vida se puede cambiar de ciudad, de pareja o de trabajo, pero hay algo que nunca cambia, el amor por unos colores.

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Dortmund es una ciudad industrial de la cuenca del Ruhr con escaso interés turístico. En las guías de Alemania es complicado encontrar información relevante sobre monumentos que la identifiquen, pero aun así millones de personas en el mundo han oído hablar de ella gracias al BVB. Creado en 1909, el Borussia de Dortmund ha sido siempre uno de los equipos de fútbol más importantes de Alemania. Su momento cumbre llegó en 1997, cuando la escuadra dirigida entonces por Otmar Hitschfeld logró su primera y única copa de Europa en un emocionante duelo contra la Juventus de Turín. En el último lustro, y de la mano del carismático Jurgen Klopp, el conjunto “avispa” ha vuelto a hacerse un hueco en la élite europea, ganando dos ligas consecutivas y alcanzando una nueva final europea, que perdieron hace pocos meses contra el todopoderoso Bayern de Munich.

Una ciudad para un club

Una ciudad, un equipo

Una ciudad, un equipo

No hacen falta muchos días en la ciudad para darse cuenta que los habitantes de Dortmund viven por y para el Borussia, el club de sus amores. En cada tienda, bar o restaurante del centro, en el que solamente destaca una calle comercial, se puede encontrar el escudo amarillo y negro del equipo de Westfalia. Los centros comerciales tienen pósters gigantes donde los modelos son los jugadores, e incluso la cerveza Brinkhoffs de la ciudad tiene una colección especial donde las etiquetas han sido sustituídas por las camisetas de los ídolos del club. Se podría decir que Reus, Weidenfeller o Hummels han alcanzado el status de dioses para los Dortmunders.

Día de partido

Cada dos semanas la ciudad se transforma cuando el Borussia Dortmund juega en el Signal Iduna Park, acogiendo a fans llegados de todo el continente. El estadio alemán tiene el orgullo de ser el campo de Europa con una mayor media de afluencia durante la temporada, superando a gigantes como el Camp Nou. Alrededor de 80.000 aficionados se reúnen en cada partido, para colgar de manera habitual el cartel de “No hay billetes”. Desde varias horas antes del choque, cientos de fans se reúnen en el bar Strobels para tomar unas cervezas y cantar las canciones del equipo de Klopp. Este pasado sábado el rival era el vecino Borussia Mönchengladbach, por lo que muchos hinchas visitantes habían recorrido los poco menos de 100 kilómetros entre ambas ciudades para disfrutar de la fiesta del fútbol.

Pocos minutos antes de las 15.30, la hinchada locales, liderados por los fans  de la Südtribune cantaron al unísono el himno futbolístico “You´ll never walk alone”. El partido tuvo poca historia, el Dortmund quizás con la mente puesta en la Champions no fue capaz de mostrar su mejor cara y acabó perdiendo por 1-2. La derrota no fue motivo suficiente para desanimar a los suyos, que cantaron fieles desde el minuto 1 hasta el pitido final. Tras concluir el choque, los de Gladbach se quedaron celebrando la victoria en el estadio mientras que los Dortmunders volvían a sus casas a la espera de un nuevo partido que les haga salir de su rutina, volviendo a situar a su humilde ciudad en el panorama mundial por 90 minutos.

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Para la RDA el deporte era un punto esencial en su tarea de propaganda. El país comunista debía mostrar al mundo todas sus virtudes, y qué mejor manera de hacerlo, que en el cajón más alto de las competiciones deportivas más importantes del planeta. En pocos años, Alemania Oriental se convirtió en una de las potencias mundiales, e incluso en los Juegos Olímpicos de Moscú logró 126 medallas, algo impensable para una población de unos 16 millones de habitantes. ¿Cómo fueron posibles aquellos éxitos que sorprendieron al mundo entero? Tras la caída del muro obtuvimos la respuesta: Esteroides.

Son muchos los atletas que denunciaron las prácticas que se realizaron en la antigua RDA, ya que ellos pensaban que solo estaban tomando vitaminas, pero ninguna historia tuvo un impacto tan grande como la de Heidi Krieger. Esta lanzadora de peso berlinesa recibió esteroides desde los 16 años sin su consentimiento. En 1986 logró la medalla de oro en los Campeonatos de Europa de Atletismo, curiosamente en el año en el que consumió mayores productos dopantes. Las consecuencias de ingerir tantas hormonas masculinas no se hicieron esperar, y el cuerpo de Heidi comenzó a sufrir cambios antinaturales que cambiarían su vida por completo.

Desde los 18 Heidi comenzó a desarrollar características masculinas, pero no fue hasta 1997 cuando definitivamente decidió hacer un cambio de sexo completo para convertirse en Andreas. Krieger lo dejó muy claro en una entrevista al NY Times: “Estoy encantado de ser un hombre, pero me hubiera gustado descubrir mi sexualidad por mí mismo. En el año 2000, Andreas testificó en el juicio contra los responsables de aquel escándalo de dopaje, donde salió a la luz la cara más oscura de la Alemania comunista. Un pequeño consuelo para una vida arruinada por la cruel ambición de un Gobierno.

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